La casquería tradicional se valora cada vez más en hostelería y la creciente demanda de platos y tapas de oreja, morro y callos, no resulta fácil de cubrir en muchas ciudades. Tenemos así recetas como los garbanzos con morro y oreja de cerdo, orejas de cerdo en salsa picante, orejas fritas, con patatas, con grelos, etc. Un sinfín de posibilidades para una parte del cerdo crujiente, muy rica en gelatina y que en muchos casos no se oferta adecuadamente.

Dependiendo del tiempo del que dispongamos para preparar el plato, en Industrias Cárnicas Fernández ponen a nuestra disposición tres presentaciones para este producto. Encontramos de este modo oreja de cerdo fresca, que cocinándola absorberá el sabor de los condimentos; oreja cocida, para guisar o para añadir a otras recetas, y también adobada, lista para comer.

Si las hemos comprado frescas, a la hora de prepararlas podemos tanto cocerlas de manera tradicional como utilizar la olla exprés. Si las hemos adquirido cocidas, nos saltaremos el anterior paso y simplemente las añadiremos al resto de los ingredientes y dejaremos que la cocción termine. Unos diez minutos suelen ser más que suficientes para que se impregnen del sabor del guiso y la salsa se espese por la acción de la gelatina de las orejas.